martes, 5 de agosto de 2008




De un reloj se oía
compasado el péndulo,
y de algunos cirios
el chisporroteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto
todo se encontraba
que pensé un momento:

¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

2 comentarios:

Javier C. dijo...

Bécquer es realmente fascinante. Muy adecuadas las fotos, me gustó tu blog.

Saludos!!

Anónimo dijo...
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